EL UNICO PUNTO DE VISTA POSIBLE BAJO LA OPTICA DEL MAGISTERIO


¿Qué nos dice el Magisterio en su propia interpretación cuanto a las dos Formas de celebración? Que las dos son igualmente validas y buenas, desde que celebradas correcta y dignamente.


Las intervenciones del Papa y la Santa Sede sobre el asunto han sido para aclarar los puntos dudosos en las varias interpretaciones surgidas durante los últimos tiempos. Una forma no anula ni substituye a la otra, son simplemente diferentes en el desarrollo de su realización, pero con el mismo valor.



Relato a seguir una anécdota que bien ilustra los efectos de lo que jocosamente llamaría de “el síndrome del yo-no-quiero-ser-visto-como-el-otro”.


Un antiguo párroco mío celebraba sin casulla [1], durante la consagración extendía el brazo hacia adelante empuñando el Cáliz en un gesto que más se asemejaba a un brindis con una copa [2], cuyas homilías eran improvisadas [3] en la medida en que iban siendo proferidas a gritos [4], utilizaba en el altar bombillos eléctricos en vez de los cirios encendidos [5], tampoco en el altar había crucifijo [6] pero sí una cesta de flores [7], y para colmo, de vez en cuando se quejaba que había poca gente en la Misa y tenía que pedirle a los feligreses que vinieran. Fuera de la liturgia sus esfuerzos para parecerse a uno de nosotros eran dignos de nota. Las dos únicas veces que le vi sin su camuflaje de paisano [8] fueron cuando lo llevé a una institución religiosa y cuando recibimos la visita del Vicario de la Diócesis. En esa ocasión le felicité por ver mi párroco usando un clergyman ¡y me agradeció el piropo llamándome de fundamentalista [9]! ¡En un hospital en que fue capellán se disimulaba con una bata de medico [8]!


¿Todos esos esfuerzos para hacerse “más igual” a los de su rebaño le sirvieron de algo? No, solo sirvió para los demás tomaran más intimidades con él, pero seguía siendo “el otro”. Seguía siendo “el cura” -el otro- pero entonces sin la reverencia merecida, debida y necesaria para ejercer sus funciones litúrgica y pastoral [10]. En su ansia de aceptación por la feligresía en el momento del Beso de la Paz… ¡se bajaba del presbiterio [11] para apretarle la mano uno a uno a todos los de la primera fila de la asamblea!


Ostentaba sobre su carpeta una foto suya saludando al Papa y hacia todo lo contrario a lo que Su Santidad recomendaba.

Me pregunto si después de concluir el seminario se interesó alguna otra vez en estudiar, leer las Encíclicas o interesarse por otras cosas pertinentes al clero, debido a la profunda ignorancia que mostraba por los asuntos de la Iglesia. Me refiero a cosas básicas, como cuando le mencioné algo sobre un Obispo Auxiliar y me contestó que tal cosa no existía, siendo que el mismísimo portavoz oficial de su Conferencia Episcopal es uno de ellos. Me porfió que según el Derecho Canónico existía la posibilidad de “anulación” de un matrimonio mientras yo le explicaba que no; que una anulación y certificar la nulidad (cuando por las razones que fueren el Sacramento nunca fue válido) no eran la misma cosa, simplemente porque no se puede “anular” un sacramento.


Cada uno de sus desmanes los respaldaba alegando “el espíritu” del Vaticano II. El problema es que no existe tal cosa. Existe, eso sí, la letra del Vaticano II, y la única razón de que haya sido escrita es justamente para que sea interpretada e igualmente cumplida por todos conforme lo que se dice por escrito [12].


Las consecuencias para la parroquia fueron el progresivo alejamiento de feligreses, empezando por los más comprometidos y aquellos que jamás dejaban de prestigiar a todos los eventos parroquiales promovidos para levantar los fondos necesarios. Además parece que en el seminario tampoco asimiló lo suficiente en materia de relaciones humanas, porque acostumbraba echarles bronca a feligreses desde el atril y en muchas ocasiones también me desautorizaba frente a los demás en cosas que desconocía y en las cuales estaba errado. Yo no le corregía y me lo tragaba todo para no desmoralizarle frente a su rebaño.

Pero al final hasta yo mismo, que venía acumulando tres funciones en la parroquia, terminé por tirar la toalla y me pasé a frecuentar otra.


Esto no es una queja. Lo he contado para dar ejemplo de un caso bien real; para ilustrar la necesidad que el Papa ha tenido para intervenir frente a una determinada situación.


Ha sido para poner orden a ese estado de cosas y tipos de interpretaciones equivocadas que han llevado a tantos desvíos y abusos, que el Papa se vio impelido a decretar el Motu Proprio Summorum Pntificum y la carta que le acompañó.


En el Magisterio de la Iglesia no cabe el relativismo.


El Motu Proprio no vino a cancelar nada referente al Vaticano II, como intentó calumniar un turbio y bastante ruidoso sector de un sector progresista en el clero, al cual irónicamente perteneció la casi totalidad de sacerdotes relacionados con escándalos sexuales.


El Motu Proprio entre otras cosas vino básicamente para desmentir que la Misa tradicional jamás hubiera sido desautorizada o descontinuada (según murmullos mal intencionados) y para confirmar que la nueva forma de celebración era igual de buena si dignamente llevada a cabo. Juntamente con la carta enviada a los obispos, disipó las dudas sobre puntos que en algunos textos del Vaticano II no estaban suficientemente explicados y que condujeron a interpretaciones incorrectas.

Y como remate, una llamada de atención para ponerle fin a una escalada de abusos eucarísticos y otras herejías practicados por un ignaro clero liberal en nombre de una interpretación manipulada de lo que estableció el Concilio Vaticano II, como las que se pueden ver en los videoclips del enlace que se sigue.



http://www.tuespetrus.catolico.ws/%22Mala-Praxis%22.php




Que nadie se sorprenda: el Motu Proprio no podría haber dejado de acontecer como consecuencia de un tiempo en que florecieron una teología marxista “de la liberación”, teólogos “católicos” agnósticos (¡y hasta gnósticos!), clérigos abortistas, profesores ateos en universidades pontificias y hasta un seminario católico que se atrevió a cambiar el Credo adaptándolo al vudú (SIC).


Les invito a quienes todavía no hayan tenido la oportunidad de conocer la Misa según la Forma Extraordinaria a no dejarse amedrentar por aquellos que intentar asustarles con el cuento de que “hay que saber latín porque sino no se entenderá nada”.


Lo del latín es lo de menos; pues esa gente tampoco suele entender la Misa en su propia lengua. Por lo general jamás se interesaron por saber lo que significa cada expresión o gesto litúrgicos. Se creen que cuando el sacerdote pronuncia “La Paz del Señor esté con vosotros…”  significa estar en paz, no peleado con los demás. No tienen la mínima idea de lo que quiera decir “corazones al alto” (sursum corda); algunos se creen que es el momento para levantarse, mientras que siguieron sentados cuando poco antes el sacerdote les había invitado con el Oremos (o el  Orad hermanos…)


Por lo general esas personas hablan de lo que desconocen, porque si hubiesen presenciado alguna vez la celebración de la Santa Misa en la Forma Extraordinaria sabrían que -donde quiera que se celebre- los feligreses siempre reciben un texto impreso en las dos lenguas, el latín y la vernácula. Se trata de puro prejuicio militante.


Para finalizar quisiera resaltar la exclusiva finalidad de esta página web, que es la promoción de la Misa según la Forma Extraordinaria y encontrar personas del Campo de Gibraltar y proximidades que estén interesadas en formar un grupo para posibilitar su celebración en esta área. El propósito de este sitio no es la difusión del Rito Ordinario, el cual dispensa presentaciones desde que constituye la práctica general y ordinaria, con la cual todos ya están más que familiarizados. Además, hay otras páginas web especializadas en la materia.


Por eso, si todo el énfasis de la materia aquí expuesta se concentra en las bondades de la Forma Extraordinaria, no es con intención de suplantar al modo de celebración del Novus Ordo; sino que se debe únicamente a ese factor y a nada más.


Aceptamos, entendemos y recomendamos las dos formas de celebración como igualmente buenas, en total conformidad y sumisión a lo que establece el Magisterio de la Iglesia.

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